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Sé quien debas ser

Había un hombre joven que vivía con su madre en un pequeño pueblo. Era tan perezoso que no trabajaba ni ayudaba a su madre en la casa. Su madre tenía que trabajar duro para ganarse la vida.
Pasó el tiempo y su madre murió. El joven se dio cuenta entonces que nadie quería mantenerlo y que se moriría de hambre. Pasó hambre unos días. Finalmente, partió en busca de comida y refugio.
Mientras cruzaba un bosque, vio un zorro cojo. A pesar de su discapacidad, el zorro parecía fuerte como un roble. Se preguntó entonces cómo cuidaba el zorro de sí mismo.
En ese mismo momento, vio un tigre que salía del bosque con una presa en la boca. El hombre se escondió temeroso. El tigre se sentó, comió sin prisa y se fue dejando lo que quedaba de su presa. El zorro cojo se arrastró con gran dificultad y tuvo una abundante comida de las sobras.
Al observar esto, el hombre partió confiado de que a él también le proveerían. Si esperaba con paciencia, alguien seguramente vendría y le proporcionaría comida. Esperó dos días pero no pudo soportar más el hambre. Rogó a Dios con profunda angustia. “¡Oh Dios! Si ese zorro cojo pudo obtener comida del tigre, ¿por qué tú no puedes ayudarme del mismo modo? Por favor, ayúdame. Estoy muriendo de hambre.”
Hubo un rayo y un trueno y una voz dijo: “No has sido concebido para ser un zorro cojo. ¡Deberías ser un tigre!”

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