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Historia con mensaje

Una vez, le pidieron a Winston Churchill, quien había guiado a Inglaterra a la victoria durante la Segunda Guerra Mundial, que diera un discurso en su antigua escuela en ocasión de su recepción anual.
Cuando se puso de pie para hablar, todos los ojos se centraron en él, todos los oídos estuvieron atentos a sus palabras. Todos conocían bien el gran poder de oratoria que poseía.
Quedó unos segundos en silencio, todos estaban expectantes; se dirigió entonces a la audiencia de esta manera:
“Nunca. Nunca. Nunca. ¡Nunca se rindan!”
Y volvió a su asiento.
Durante medio minuto, se produjo un silencio absoluto y luego rompieron en un espontáneo aplauso ensordecedor. Nunca un orador tan reconocido había dado un discurso tan corto pero tan efectivo.
El mensaje caló profundo e hizo historia.

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