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Da gracias por lo que tienes

Un hombre vivía con su esposa y su joven hijo. Eran muy pobres por lo que fueron a la ciudad en busca de empleo. Ambos padres trabajaban duro pero apenas podían llegar a fin de mes. Sin embargo, cuidaban a su hijo y lo enviaban regularmente a una escuela cercana.
El muchacho veía a otros niños en la escuela y se comparaba con ellos. El vestía harapos, llevaba libros viejos y desvencijados y estaba descalzo. Cuando regresaba de la escuela se quejaba de su condición con sus padres, pero sus padres no podían ofrecerle más de lo que ya le habían dado.
Un día, padre e hijo iban caminando juntos a la escuela y el muchacho se quejó una vez más por la falta de calzado. “¿Por qué tengo que ir descalzo a la escuela cuando los otros niños llevan zapatos?”, dijo. En ese mismo instante, ambos vieron a otro muchacho que alegremente intentaba hacerse camino a la escuela. ¡Observaron que no tenía pies!
“LLORÉ PORQUE NO TENÍA ZAPATOS, HASTA QUE VI QUE ÉL NO TENÍA PIES.”
“DA GRACIAS POR LO QUE TIENES.”

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